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domingo, 19 de febrero de 2017

Festejo pírrico



Fue la octava interpelación al ministro Bonomi; y fue la octava vez en que este inundaría el hemiciclo parlamentario de la cámara de representantes con un caudal informativo digno de elogio por críticos de siempre que esta vez admitieron la contundencia del relato y la capacidad de análisis del Ministro más cuestionado del Gobierno. Es que si algo distingue a Bonomi es precisamente eso, aprovechar las instancias de concurrir al Parlamento para nutrir de información relevante para muchos menos para quienes alzaron su mano para votar en contra de una moción satisfactoria por primera vez en 12 años. Claro que tampoco usaron sus manos para redactar una moción contraria, sino que se sumaron a la de un diputado del FA que se declaró independiente, para con ello hacer creer que volvían a ser mayoría. Fue una “victoria pírrica”, donde otra vez desperdiciaron la oportunidad de sumarse a los cambios que provocaron la baja de los delitos que más atormentan a la sociedad uruguaya junto con el inicio de un camino cierto y seguro hacia la erradicación de la violencia en los escenarios deportivos. 


¡Chau, Bonomi!

El grito del diputado Trobo – escondido entre los miembros de su bancada, como quien lanza una piedra desde una multitud- se escuchó cuando ya había pasado la votación de las dos mociones presentadas. Por primera vez en más de una década, la oposición celebraba el quiebre de la mayoría parlamentaria subiéndose a los hombros de un diputado independiente de la coalición de gobierno.

A babuchas de Gonzalo Mujica, ni blancos, colorados, independientes o de asamblea popular, presentaron moción alguna que declarara insatisfactorias las declaraciones del Ministro.Tampoco se presentó moción de censura alguna. En cambio, se votó afirmativamente la que presentó Mujica, que se desglosaba en 6 incisos de los cuales los dos primeros (claramente de apoyo a las políticas de Bonomi al frente de la cartera) fueron votados por casi todos los presentes en sala. El inciso 5 no logró aprobarse y el resto de los incisos (3, 4 y 6), contaron con los votos de la oposición en pleno.

El descuido o la ansiedad por ese “hito” alcanzado, no los dejó razonar que votaron el respaldo a políticas impuestas por la gestión de Bonomi, reconociendo “el esfuerzo de gran magnitud… en mejorar las condiciones de trabajo del personal policial”, y la “implantación de metodologías en el ámbito ministerial y policial con el propósito de lograr avances en la lucha contra el delito”. 

La jornada fue larga, y durante la misma no faltaron las expresiones de los diputados blancos que no entendían el llamado en el peor momento de hacerlo tras los anuncios de baja de delitos. Menos se esperaban la contundencia del relato histórico que hiciera el interpelado sobre la violencia en el deporte, hecho que mereció incluso el reconocimiento de periodistas deportivos que fueron muy críticos siempre con cada una de las decisiones que tomara el Ministerio del Interior para combatir la violencia en el fútbol, principalmente.

Varios diputados blancos -durante el transcurso de la sesión- comentaron por lo bajo esa contundencia del relato de Bonomi, con expresiones como: “luego de escuchar a Bonomi, no sé si sigo siendo hincha de Peñarol”, en referencia al relato del funcionamiento de las barras bravas y el episodio de la suspensión del último clásico.

En cuanto a la información relativa a los delitos, pasó algo parecido. Solo el cuestionamiento parece ser la constante para una oposición miope. Miopía que se evidenció en la más absoluta ignorancia de parte de los dos miembros interpelantes, con exposiciones que contenían escasa información, datos erróneos y evidente falta de preparación para la instancia.

La hipocresía al tope

Mientras transcurría la sesión, era todo sonrisas entre el diputado Mujica y la bancada opositora -fundamentalmente la del Partido Nacional, ubicada en un rincón del hemiciclo- allí estaban Penadés, Trobo, Iturralde, por citar los más conocidos (este último, uno de los interpelantes).

Llegado el momento de la votación -sobre las 2 AM aproximadamente- el júbilo se podía sentir en ese rincón donde se acumulaban varios termos, y el mate iba y venía sin medida. Un rincón, por cierto, que dejaron sucio y desprolijo con lo cual me hicieron acordar a los reclamos por el tema de la basura de Montevideo pero que ellos fomentan en su lugar de trabajo dejándolo a la miseria con restos de yerba, diseminada por el piso alfombrado de ese sector de la Cámara de Representantes.

Es que ya paladeaban la “victoria” (¿?) de poder quebrar la hegemonía parlamentaria que llevaba 12 años invicta. Así fue que se elevaron las manos para votar la primera moción y salió negativa por 49 votos en 99. Las sonrisas ya eran risa elocuente, la ironía daba rienda suelta al rincón nacionalista que se frotaba las manos preparándose para elevarlas en la segunda moción.

Con algo de desconcierto vieron que se alzaban manos del FA acompañando el primer inciso y el segundo… con el tercero, la alegría ya los desbordaba; con el cuarto, también. Con el quinto no pudieron… pero llegó el sexto y allí les faltó aplaudir, aunque alguno hizo el intento. Allí salió el grito de un agazapado Trobo, que se escondió para emitirlo bajando su cabeza casi contra el escritorio de su escanio.

Los puntos sobre las íes (de la moción)

Culminada la votación, hubo tiempo para la fundamentación de los votos. Allí los blancos con Gandini primereando, reclamaron la renuncia de Bonomi al carecer de respaldo, según su razonamiento. “En otras épocas, con este resultado los ministros renunciaban”, manifestó, dejando en actas lo que al día siguiente desmentiría con pruebas históricas Daniel Chasquetti en su columna de Montevideo.com. “… ninguno de los ministros interpelados y desautorizados entre 1985 y 2005, renunció a su cargo”, escribió el politólogo.

Y si algo faltaba para confirmar la verdad sobre lo que terminó aprobando la cámara de representantes, la fundamentación del único firmante de la moción aprobada – Gonzalo Mujica- dejó claramente en actas que en ningún momento su moción expresa una quita de respaldo a Bonomi, sino que por el contrario él respalda la gestión de su Ministerio, aunque también es crítico con algunos aspectos de la misma que instó a ser revertidos como lo escribió en su moción.

Cuando Mujica fundamentó -dejando en claro que no avalaba la interpretación nacionalista de lo que se votó- se oyó decir en el rincón blanco la voz inconfundible de un conocido diputado: “sabía que era sorete, pero no creía que tanto”. Seguramente en referencia a que con su aclaración echaba por tierra el sesgo que impulsaban sus correligionarios sobre lo resuelto por el Parlamento esa noche.

Hipocresía al mango

La hipocresía se alzó victoriosa aquella noche; solo con hipocresía podían votar como lo hicieron algunos de los diputados opositores (no todos); fundamentalmente, los que durante toda la noche se manifestaron absolutamente contrarios a una gestión a la que le reconocieron aspectos positivos como los dos primeros puntos de la moción triunfante.

Aunque tal hipocresía desaparece para ser directa intención, cuando impulsan una y otra vez la remoción de Bonomi, al que no pueden permitirle el éxito del combate a la delincuencia. Ese es el principal motivo que ocultan tras cada uno de sus desplantes al Ministro más longevo de la cartera. Es que saben que pronto los resultados serán aún mayores, saben que se transita un camino sin retorno en el combate al delito en las calles, y saben -también- que las medidas impuestas para el deporte, darán resultados positivos.

Por eso es que celebran victorias como estas, donde hay un gran desgaste pero que terminan siendo como aquella de Pirro, sin consecuencias...


el hombre leía historia antigua,
el perro siguió ladrando... 

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