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miércoles, 2 de junio de 2010

Construyendo utopías

Cuando me invitaron a ser parte del equipo me invadió un miedo tremendo. Dejar el abrigo de una oficina que había construido a solas durante varios años era dejar una parcela donde me sentía dueño –a sabiendas de habérmela ganado en buena ley- y un argumento que pesaba bastante. No era el económico el tema a dilucidar ni mucho menos.

Encima, el desafío era un hierro candente, donde todas las miradas estarían depositadas en el nuevo destino al que se me invitaba a trabajar. Pasar a estar en el tapete un día sí y otro también, no es para cualquiera pero ese fue seguramente, el argumento que me determinó finalmente: el desafío. Esa adrenalina invisible que empezó a circular por el torrente sanguíneo, fue minándome inadvertidamente al punto de encontrarme –casi sin darme cuenta- inmerso en un proyecto y visualizando los resultados aún antes de haber dado el sí.

Y para coronar el punto, estaban ellos: el equipo. Un conglomerado de personas tenaces, honestas y con una voluntad inquebrantable por hacer las cosas bien. Objetivos compartibles y posibles, de los que no dudamos ser parte y aportar a su conquista en pos de esa utopía que a pocos meses de iniciada empieza a dar algunos frutos.

El principio mostró de arranque nada más, un cambio no menor que se percibió en el entorno. Los interlocutores diarios revelaron cierto asombro e incredulidad ante un trato franco y cordial en un instituto signado por la verticalidad que había sido aplicada hasta el exceso durante demasiado tiempo. Expresiones como “son gente normal”, llegan a nuestros oídos y nos parece insólita la emisión. Nunca antes nos habían referido semejante elogio, ¿será que antes sufrimos de anormalidades desconocidas?

La naturalidad que se impuso fue patente y el respeto, la consecuencia inmediata. Un apretón de manos, un saludo cordial y sincero, un trabajo sin medidas ni horarios, van marcando la tónica de un conjunto que sin prisa pero con decisión, se va ganando el reconocimiento en una institución inmerecidamente mal gestionada.

El Ministerio del Interior jamás formó –ni remotamente- parte de nuestros sueños y sin embargo hoy nos ha atrapado en pos de ese objetivo claro y preciso que nos hemos trazado junto al equipo. Al igual que lo expresara nuestro Presidente, damos clara muestras cada día que nosotros tampoco “vinimos a hacer sebo”.

No podemos predecir cómo será el futuro más inmediato; ni siquiera podemos anticipar dónde nos encontraremos los próximos meses ni los avances (o retrocesos) que habremos alcanzado. Pero algo sí nos queda claro y es que dejaremos nuestro mejor esfuerzo en el intento, pues no sabemos otra forma de actuación. El tiempo dirá si pudimos plasmar en hechos concretos y tangibles lo que hoy es mera intención o idea proyectada.

A poco de iniciado tuvimos el primer tanteo fuerte en ocasión de los incidentes pos final del campeonato uruguayo. El mensaje que se trasmitió fue claro: no se está dispuesto a tolerar ningún exceso.

El camino está trazado, y vamos a recorrerlo junto a quienes quieran sumarse.


al hombre le hacían la venia,
el perro no entendía nada ...

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