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jueves, 28 de enero de 2010

Antón Pirurelo y... que cada uno atienda su juego!!


Publicado en La ONDA digital

A escasos meses de las elecciones municipales, Montevideo sigue sufriendo los dislates de un gremio que pretende ejercer un co-gobierno para el cual no fueron elegidos por la ciudadanía. Y para rematarla, éramos pocos y la abuela tuvo familia, pues idéntica actitud asumen en Canelones. Todo ello atado al recontra manipulado tema de la guerra de patentes. Algo esbozamos en la última nota del año 2009 al referirnos a la propuesta de Mujica para que la patente se cobre con los combustibles, lo cual haría inocua la movida pero claro, sabemos del brete constitucional que hace de ésta una solución a largo plazo.

La negativa a fiscalizar los coches de las Intendencias orejanas al Congreso de Intendentes, (Flores y Colonia), coloca nuevamente en el tapete la actitud de los funcionarios agremiados en ADEOM que en un reiterado desborde de poder, acorralan a las autoridades democráticamente electas.

Para colmo de males, esta vez no solo se niegan a fiscalizar -léase: cumplir con sus funciones, o sea, hacer su trabajo- sino que con dicha actitud niegan la posibilidad de devolver algo de justicia en un tema que nos tiene prisioneros a muchos montevideanos que seguimos pagando la patente - manteniendo los servicios viales de nuestra ciudad- mientras otros circulan sin pagar nada por el uso de los mismos. Claro que se argumenta –también con justicia- la inequidad existente en los valores que se manejan según sea la comuna, pero también es cierto que si todos los que circulan en Montevideo o Canelones pagaran patente, seguramente los valores serían menores.

Asimismo –y volvemos sobre la nota referida- a nuestro juicio hay un error conceptual en la fijación del insumo, al tomar como base el valor de los coches cuando debiera ser lo mismo para todos. El uso que cada contribuyente dueño de un vehículo hace de los servicios viales departamentales no tiene relación con el valor o aforo del coche sino con el costo que los servicios tienen para su creación y mantenimiento, (calles, semáforos, señalizaciones, etc.). Dicho costo dividido por la cantidad de vehículos circulantes daría la cifra que cada uno debe aportar para cubrirlos. Parece fácil ¿no? Pero ya sabemos que para eso, y ante la falta de unanimidad comunal, solo una reforma constitucional podría darle solución.

Volviendo al tema de los funcionarios municipales, su negativa a controlar se basa en la falta de garantías para ejercer dichos controles, aduciendo que podrían tener consecuencias personales por el ejercicio de su función. La pregunta surge de inmediato: ¿cuando actúan en su función inspectiva, lo hacen por sí o porque la IMM les confirió esa tarea invistiéndolos como tales? Entonces, ¿dónde está el temor? A todas luces nos parece una chicana de las muchas que utiliza este gremio para poner palos en la rueda y así como nos dejó un fin de año sin el servicio de recolección de residuos, nos deja ahora en indefensión ante el abuso de la circulación de vehículos que no pagan tributos en su lugar de residencia, fraguando una realidad de la que muchos de nosotros conocemos algún caso.

Es momento de decir basta a tanto abuso y que los funcionarios se dediquen a funcionar, y los dirigentes a dirigir. Es momento que cada quien atienda su juego.

Parece una obscenidad que trabajadores que perciben remuneraciones de las más apetecidas por el común de la ciudadanía uruguaya, no sean capaces de captar el rechazo creciente que generan con este tipo de actitudes. Si Montevideo los tuviera al firme ejerciendo sus funciones y prestando servicios adecuados a las necesidades que enfrenta la ciudad, otro sería el cantar y nos tendrían a su lado reclamando. En cambio, debimos soportar dos años y medio de conflicto con servicios cortados por el incumplimiento de un convenio que, está muy bien que se exija y se cumpla, pero también hay que ver que quien paga las consecuencias siempre es el que les paga el sueldo: el contribuyente. Entonces, cambiemos la forma de protesta y no se tome a la ciudadanía de rehén.

Generalmente se suele argumentar que cuando habla el pueblo es un laudo a respetar, entonces respetemos la voluntad del soberano que sigue renovando la confianza en Montevideo a una fuerza política que además es la responsable de haber reivindicado el ingreso salarial de los municipales. Pero la ambición por querer cada vez más parece no tener límites y llegamos a estos extremos donde nadie sigue su juego y el antón pirulero queda para el olvido. Los funcionarios agremiados asumen, en los hechos, el control de la IMM y las autoridades nada pueden hacer al respecto porque “somos de izquierda y no queda bien andar haciendo de patrón”. Ese conflicto de roles –a 20 años de ser gobierno municipal- parece hoy un contrasentido. Mas que de roles tendríamos que hablar de valores. Valores que se han ido perdiendo dando paso a la viveza de exigir antes que servir, olvidando que la suya es una función donde el dar un buen servicio debe ser una consecuencia natural y no una premisa inexcusable.
El sindicalista debe ser ejemplo entre sus compañeros y cumplir primero que nada y que nadie con las funciones que ejerce y por las que percibe su salario. Esa es la esencia misma del fuero sindical, allí se gana el respeto y se garantiza su representatividad, no es a la inversa. Por su parte los dirigentes políticos tienen la responsabilidad de cumplir los objetivos estratégicos de gestión que le fueron encomendados por la ciudadanía, y para ello es que se los eligió, para que los hagan realidad. Entonces, ¿no será hora de trabajar en ese sentido? ¿No será momento de tener la suficiente humildad como para reconocer que hay un colectivo de personas que esperan por servicios decentes y eficientes por los que paga más de lo que recibe?

Es momento de que cambiemos definitivamente la forma de actuar y de pensar, asumiendo con responsabilidad que esto es un barco que nos tiene a todos dentro y que cada quien debe asumir su rol para poder cubrir con éxito una gestión de gobierno municipal. Es momento de empezar a hablar de resultados y que las remuneraciones vayan atadas con la productividad tan mentada.

Solo así parece viable obtener buenos servicios.

Cada uno atendiendo su juego, como en el antón pirulero.

el hombre leía el diario,
el perro ladraba al gato,
y el gato se lavaba una pata como si nada...

jueves, 24 de diciembre de 2009

Sobredosis de sentido común

(Publicado en La ONDA digital)


Advertencia: cualquier parecido con el Sr. Sentido Común de la campaña electoral pasada, es pura coincidencia.


El gobierno electo no descansa. Hace realidad aquella afirmación lanzada ni bien se conociera el resultado del balotaje: no vino a hacer sebo. En tiempo inédito para el país se definieron los ministros –aún resta algún subsecretario- se efectuaron contactos con los referentes principales del país (industriales, trabajadores), y por estos días lanza una sobredosis de sentido común en un tema que lleva larga data entre los orientales como es la manida patente de rodados.

Entre un tirón de orejas y una línea de salvataje para dar solución al tema, se habla del cobro de una parte de la patente de rodados a partir de un impuesto en los combustibles. Es cierto que el tema es de resorte municipal porque así está consagrado en la Constitución de la República, pero también es cierto que si todas las Intendencias se ponen de acuerdo es posible encontrarle solución al tema sin evadir el rango constitucional del mismo. Y nada mejor que hacerlo por una vía que devuelve racionalidad a un tributo que hoy tiene su base de cálculo en el valor de los automotores cuando la lógica indica que debiera estarlo en el uso que los mismos hacen de la infraestructura municipal. Dicho de otra manera: que quien más circule, más patente pague y viceversa. De eso se trata en definitiva, que quien hace mayor uso de la infraestructura vial departamental, sea quien la solvente en mayor medida que aquellos que poco o nada la usan. El valor de mercado de los coches debiera ser base de otros impuestos previos pero no de este, que -en definitiva- tiene una clara impronta de igualdad: todos usamos las calles y semáforos del mismo modo así lo hagamos en un Fitito, un Mercedes Benz, o un Audi último modelo.

Si solo ese argumento basta al suscrito para afiliarse a esa modalidad de cobro, le adelanto que tengo otros más para apoyarlo. Uno de ellos es que dicha forma de cobro de la patente hace imposible la evasión, por cuanto serán las surtidoras de combustible las que retendrán el importe y, salvo que circulen coches a agua u otros combustibles alternativos, todos pagarán patente. Ya no tendremos zafras de inspectores ávidos de encontrar morosos infractores y podrán destinar sus jornadas a mejorar el servicio de vigilancia y educación vial, el cual es altamente deficitario en ese aspecto. Ni tampoco evasores circulando libremente sin pagar nada por el uso que hacen de una estructura vial que –justo es decir- ha tenido un cambio significativo en algunos puntos largamente postergados de la ciudad (aunque quede mucho por hacer todavía).

Asimismo no es lo mismo fragmentar el pago en mínimos aportes al caudal del uso que cada uno haga del vehículo, que soportar la gravosa carga de su pago zafral tal como rige hoy día y en forma ficta (sin importar, por ejemplo, que un coche aún guardado en la cochera, pague patente).
Los gobiernos departamentales tienen en este tributo una de sus principales fuentes de ingreso, por eso es que el tema no será de fácil resolución si el gobierno no asiste en parte a solventar –por lo menos al principio- una parte del insumo que dejarían de percibir. Pero también es cierto que muchas intendencias reciben un tributo por nada, pues quien paga no es residente en el departamento y por ende no utiliza ninguno de los servicios que solventa dicho tributo. Para estos gobiernos departamentales contar con un contribuyente que no reclama servicios por lo que paga (pues no reside y por tanto no los utiliza, precisa ni controla su existencia y/o mantenimiento) es un negocio redondo.

Por supuesto que tendremos ardorosas discusiones al respecto, pero por fin llegó quien puso el tema sobre la mesa para su franca discusión. Un sistema que es realidad en países del mundo desarrollado, argumento que por supuesto no basta para un rincón del mundo donde residen tres millones de directores técnicos, pero por algún lugar hay que empezar.

Es hora de terminar con los vivos que circulan en un lugar y pagan en otro.
Es hora de aplicar el sentido común.



el hombre lavaba el auto,
el perro intuía que salía paseo...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Esos votos imprescindibles

(Pulbicado en La ONDA digital)

“Es el mundo al revés; en el estrado tendrías que estar vos, y nosotros aplaudiéndolos a ustedes”
José Mujica
29/11/2009

Se llama Julio, sufre de flebitis. Caminar se le hace una tarea difícil y dolorosa. Hay que esperarlo pues tiene un andar cansino y sufrido que revela en cada paso. Con su inmensa humanidad a cuestas -de más de dos metros de altura- recuerda orgulloso su juventud de basquetbolista, defendiendo al Club Atenas. Fumador contumaz, no abandona al mayor responsable de su padecimiento físico pues –según dice- “me aleja de la soledad…” Nos esperaba, credencial en mano, para cumplir el rito sagrado de emitir su voto a la esperanza, y liberar su conciencia habiendo cumplido con la obligación militante. Exhibe orgulloso una fotografía con Pepe Mujica en una extraña toma en la que un gigante abraza al futuro Presidente de los uruguayos.

Alicia es una joven madre de dos pequeñas que la despiden mientras le ayudamos a subir al coche. A pesar de su dificultad motriz, se desenvuelve con una soltura y agilidad que sorprende. Víctima de un accidente doméstico, sufrió una grave lesión en la décima vértebra que le obligó a usar bastones canadienses durante años. Hacía tres días tan solo, que aquella lesión se agravó y ahora la pérdida de sensibilidad motora era total. La paraplejia la instaló en una silla de ruedas que domina como si fuera mucho más el tiempo que lleva con ella. Sin embargo, esa circunstancia no le impide demostrar un espíritu de lucha envidiable, y una conducta militante que no le permitía pensar siquiera en incumplir su deber cívico y dejar de formar parte del millón y pico de votos que instalarían a Mujica en la Presidencia de la República.

Hugo vive en Aparicio Saravia y Hungría. Una humilde vivienda que comparte con su hermana y cuñado. Tiene unos treinta y pico de años. La dificultad para trasladarse es evidente. Tres años atrás, una hemiplejia le dejaba secuelas graves con una pierna sin sensibilidad, una mano atrofiada, y una deformación de su columna vertebral que le obligan a caminar encorvado. Efectuar unos pocos pasos le insume un tremendo esfuerzo y la dificultad respiratoria nos preocupa a todos. Sin embargo, nos tranquiliza sin perder el humor y balbucea una disculpa a tanta demora que genera su capacidad diferente. Como si alguien le fuera a reprochar por ello. “Caminar me viene bien para adelgazar”- explica y nos invade una impotencia tal que da vergüenza. El local de votación tiene muchos desniveles, obstáculos que lo ponen nervioso pues teme no poder sortearlos. Hay que alzarlo para evitarle un esfuerzo sobrehumano para sus menguadas posibilidades físicas. A pesar de todos los inconvenientes, sufraga y luego su cara rebasa de alegría. Sabe que está haciendo historia, y no lo disimula. Desearía que tuviera alas, y pudiera despegar de ese suelo por el que se arrastra con tanta dificultad. Su voz es casi inentendible pues la secuela no le perdonó ni el habla. Pero aún así, su risa es franca y contagiosa, junto con la picardía cómplice que festeja un chiste que hacemos, el cual celebra con absoluta y fresca libertad.

Tres simples ejemplos de la importancia de sentirse parte de la toma de decisiones. Esa que asumimos cada cinco años los uruguayos y que no se está dispuesto a dejar pasar por alto. Justo en tiempos en que esa participación se hizo sana costumbre, uruguayos como los referidos no eluden la ocasión para ser hacedores de la historia. Ejemplos vivos de la inclusión que empezó a darse a partir del primer gobierno progresista. Razón suficiente para hacer del mismo una prolongación inexcusable.

Así como estos tres ejemplos, hubo otros tan importantes como ellos. Don Enrique, con sus 89 carnavales encima, y su frágil corazón a cuestas. Las maestras jubiladas que a pesar de gripes y alergias, pidieron estar para formar la voluntad ciudadana que impusiera a Mujica a cargo de nuestros destinos por los próximos cinco años. Y tantos otros sin nombre pero con el mismo propósito.

Todos formaron la voz del soberano, dando razón al sentido homenaje que el electo Presidente hiciera al momento de saludar a la masa frenteamplista en la rambla.

La lluvia seguía cayendo, cuando el viento arrechado apuró el final.
18 de Julio esperaba... para seguir la fiesta.



el hombre estaba empapado,
el perro también...
Hugo, en cambio, reía y reía sin parar

martes, 24 de noviembre de 2009

¿Somos, o no somos?


“Somos "Las Redes Frenteamplistas",
No apoyamos ningún sector del FA. Somos el producto del enredo de independientes y sectorizados, de orgánicos e inorgánicos, de jóvenes y viejos, de recién llegados y veteranos de guerra, de montevideanos y del interior, de residentes y no. Albergamos todo lo que sea FA, apoyamos a todos los sectores por igual, a nuestros candidatos comunes y no comunes; hacemos circular la propaganda oficial del FA y la sectorial; promovemos la participación en todos los ámbitos y de la forma que la gente crea conveniente. Usamos las nuevas tecnologías y nos reunimos; subimos fotos pero posamos en la calle para ellas; nuestra virtualidad ya no hace falta explicarla: es tan real que no se puede contar -salvo los mil metros de bandera...”

Esta es la introducción que luce el sitio de un colectivo militante que refrescó la campaña electoral. Fue el antes y el después de una nueva forma de hacer política.

La simple introducción es de por sí compartible y sintetiza el más profundo sentimiento que identifica a un grupo de personas que se aglutinan tras una idea, tras una ilusión para darle fuerza viva y celebrar su construcción permanente. Son los militantes que se embanderan para darle color y alegría a este nuevo rumbo de la política nacional tras la concreción del primer gobierno de izquierda en Uruguay.

Nacieron juntos, soñaron juntos, y cuando todo apuntaba a seguir de largo, estuvieron adormecidos. Ya poco importa atribuir culpas, siempre son compartidas. Sin embargo bastó un sacudón para que despertara y con la vigilia, surgieran nuevas formas de participación que dieron luz y alegría en medio de tanta suciedad mediáticamente organizada. Fueron silenciosos constructores que se fijaron un objetivo cierto, echando proa al mismo y ya desde aquel ramblazo, se auto convocaron para defender el sueño vivo de seguir construyendo la utopía.

Hoy si no están nos preguntamos por ellos, nos preguntamos por nosotros, nos reinventamos cada día para generar y acompañar ideas y de la mixtura virtual nace el compromiso firme y militante de estar codo con codo para flamear sueños en tricolores tonos. La creatividad no cesa, es el motor que impulsa y todo lo transforma para abandonar los grises a sabiendas que ya no podrán robarnos la alegría.

En el siglo de las comunicaciones, son las nuevas tecnologías las que vehiculizan y aglutinan. Son el facebook, la telefonía celular, los correos electrónicos; nuevas herramientas que acompañan el boca a boca, los informes y discursos. Prenden y se desparraman por el entramado virtual sin censura ni controles. Desafiantes de estructuras y orgánicas paralizantes, dieron acabada muestra de una madurez tal que hicieron que hoy, nadie discuta su pertinencia, sino todo lo contrario.

Generadores de propuestas y movidas, dan rienda suelta a su alegría manifestándose de mil formas posibles y hacen de lo imposible ese diferencial que hoy destaca en la campaña electoral. Como el rinoceronte, embisten tras su objetivo a sabiendas que llevan tras de sí el sentimiento colectivo que construyen cada día.

Definitivamente quedó atrás la agenda impuesta, hoy se la genera entre todos pues se sabe y se siente que todos somos parte de esta obra que es gobernarnos a nosotros mismos.

Durante este último período de gobierno, y en los albores del advenimiento de la campaña electoral, se comenzó una pertinaz crítica a la obra efectuada y las profundas reformas impulsadas por el gobierno del Frente Amplio. El sacudón mediático fue de tal magnitud y virulencia que propinó un golpe directo a una fuerza que ocupada en gobernar, no dio respuestas rápidas. Sin embargo, éstas no se hicieron esperar y vinieron desde las “cuchillas”. Silenciosamente, un pueblo salió a defender los cambios. Empuñando sus banderas y con ella todo ese caudal simbólico que no precisa explicación alguna (ni disfrazarse de patriotismo ocasional para marcar presencia), salieron a defender la alegría como principal consigna.

Son ellos y somos todos. Son las Redes Frenteamplistas.


el hombre completaba su perfil en facebook,
el perro ladraba avisando que sonaba el celular...


sábado, 21 de noviembre de 2009

Humo(r) blanco

(Publicado en La ONDA digital)


El pasado martes 17 del mes en curso, durante una entrevista concedida al Canal 4 y su noticiero Telebuendía, la fórmula nacionalista dio muestra del clima enrarecido que campea por su entorno. Al ser interrogados por el periodista Daniel Castro acerca de un muy comentado spot televisivo –con mensaje lacrimógeno incluido- tuvo como respuesta la iracundia de quienes no toleran cuestionamiento alguno.

El punto pasa entonces por aceptar la crítica y la libertad de prensa en forma plena, ó prestarse al circo mediático que acostumbraron siempre los dueños del poder. Era hora que de una buena vez los periodistas hicieran las preguntas de las que los televidentes queríamos conocer sus respuestas. El referido corte publicitario del publicista argentino Argulla- que dejara en ridículo a quienes compraron dicha pauta- fue objeto de análisis y crítica.

Por más que hicieron el intento de convencer argumentando que lo importante era el mensaje, olvidaron una parte sustancial de toda correspondencia, olvidaron al mensajero. En este caso, el mensajero no fue creíble ni mucho menos. Una puesta en escena con actores argentinos, burdamente reiterados en dos pautas para públicos distintos, dejó caer un aluvión de críticas que echaron por tierra cualquier intención publicitaria del mismo.

Si uno va al cine a ver una película interpretada por actores, pretende que éstos le vendan la ilusión de la ficción que protagonizan. Intentan ser creíbles, más allá de toda otra idea y durante el lapso que dure la ficción la consumimos como real, aún a sabiendas de no serlo. Un mensaje político, enunciado por un candidato a Presidente de la República –con todo lo que ello implica- es una invitación a convencernos sobre la intención cierta de su mensaje. Ya no es una ficción, (por lo menos no debería serlo), pues con la decisión que intenta provocar en cada uno, van cinco años de nuestras vidas como ciudadanos de un país. Y no es menor la circunstancia de ceder la responsabilidad de gobernarnos durante ese tiempo a quien se nos ofrece a través de una herramienta comunicacional como la referida.

Nunca más acertada la afirmación del periodista cuando pregunta si no es una publicidad engañosa un spot donde las personas que aparecen allí son, ya no actores, sino extranjeros que jamás escucharon la emocionada proclama que producía. La emoción de sus expresiones, era falsa, jamás escucharon la misma. Y encima, las mismas caras y expresiones, se reiteran en otro spot previamente producido para la campaña electoral del empresario argentino De Narváez.

Si fueron sorprendidos en su buena fe –cosa probable- su ingenuidad es tal que no merecen disputar responsabilidades de gobierno. Si, por el contrario, conocían el producto, la subestimación que hicieron de la ciudadanía dejó expuesta –una vez más- la manipulación de la que son capaces, y de la que el caso Feldman intentó ser parte hace tan solo pocos días.

Un punto cierto es que están en todo su derecho de comprar el producto que quieran y presentarlo como lo quieran presentar.

Tan cierto como el derecho que tenemos todos de no aceptar mentiras maquilladas cada cinco años.

Justo ahora, que nos acostumbramos a pasar raya y disfrutar las promesas cumplidas.



el hombre de pelo blanco se sacaba el micrófono enojado,
el perro supo allí que venía la tanda...

jueves, 19 de noviembre de 2009

El himno más “bessioso”


Uruguay consiguió finalmente el pasaje a Sudáfrica 2010, y si bien para uno -que ya lo vivió antes- es una alegría grande, para la gurisada, que sufrió como nunca el proceso de esta eliminatoria, es una ocasión de ver a la celeste por primera vez disputando una Copa del Mundo.

Como era de esperarse, casi terminamos siendo punto cuando todos nos sentíamos banca. Eso porque nada se nos da fácilmente a los uruguayos y esta no sería la excepción ni mucho menos.

Fueron 90 minutos de tensión acumulada que solo se aplacaron un poco cuando el cabezazo del Loco Abreu abrió el marcador y con ello una efímera alegría, que duró tan solo 4 minutos, pues con el empate tuvimos el corazón en la boca hasta el final; y la eliminación, a solo un gol del visitante.

Pero el condimento a tan angustioso espectáculo lo dio la maravillosa, (al gusto del suscrito), interpretación del Himno Nacional que hiciera el Zurdo Bessio. Dueño de una portentosa voz, nos erizó la piel al escuchar la novedosa versión en clave de murga de nuestro principal canto oriental. Tal fue el impacto que hoy se habla de este suceso casi o más que del propio resultado que nos colocó en un mundial nuevamente. El Uruguay está dividido prácticamente entre quienes admiran la versión y quienes se indignaron con la misma, aflorando el gris autóctono que identifica a nuestra idiosincrasia más pura. No nos permitimos siquiera pintar de colores nuestras vidas y nuestros valores, en una suerte de renuncia anticipada a ser y vivir únicamente como nos inventaron un día sin posibilidad de cambio alguno.

Hoy se escuchan voces de uruguayos ofendidos por la “afrenta” de interpretar el himno en son de murga, sin reconocer la unción con que fue realizada ni la virtud de ofrecer una alternativa distinta que trasmita alegría al mismo tiempo que sacrosanta orientalidad.

¿Por qué siempre vemos el vaso medio vacío? Antes de criticar la interpretación, debiéramos entender formas alternas y aggiornadas de llegar al sentimiento de una población que –reconozcamos- no es muy afecta a cultivar su nacionalismo. Entonces, ¿no es buena señal estas interpretaciones que acercan los símbolos a la gente? ¿Acaso la seriedad y respeto que tuvo la misma no es suficiente para valorar el esfuerzo y el producto final?

Se podrá decir que la oportunidad fue un error –con cierta dosis de imprevisión por parte de la organización- no ya por la interpretación sino por la extensión que tuvo. Ambos planteles venían del calentamiento previo y los minutos pasaban, enfriando a los jugadores junto con la acumulación de adrenalina que la circunstancia generaba. El combinado costarricense desarmó la formación en medio de la interpretación, en una muestra de hartazgo e irrespeto hacia el anfitrión. La cara y gestualidad de Luis Suárez tampoco le fue en zaga, así como el resto de un plantel celeste que coincidía con el visitante en que fue extenso.

Tres pesos aparte para ese aspecto. El punto es que el Himno Nacional Uruguayo entonado por el Zurdo Bessio en clave de murga, fue una excelente muestra de lo que es capaz de hacer un pueblo que quiere reivindicar sus símbolos con respeto, dando su mejor esfuerzo al demostrarlo. En Argentina hace un tiempo tuvo similar repercusión la versión rockera de Charly García de su himno; aunque claro está que los argentinos nos aventajan a la hora de demostrar su patriotismo.

Por lo menos, apreciemos el intento de sacarnos de encima esa mochila pesada y de color gris que nos pusieron siempre, al punto de asumirnos como tipos tristes y aburridos. Las nuevas generaciones vienen acompañadas de altas dosis de alegría. Y la alegría se defiende también respetando nuestros símbolos más sagrados, aunque los entonemos en son de murga…

la piel del hombre se erizó por el canto,
el perro escuchaba envuelto en la bandera…