La muerte de José Mujica no fue una cualquiera, con su partida se fue un líder carismático por demás, uno que no precisaba libreto previo porque él se lo improvisaba y siempre le salía bien. Dueño de una personalidad inigualable, con su parsimonia dialéctica generaba esos silencios que solo quienes pueden llegar al fondo del corazón de las personas logran. Silencios necesarios para no perderse palabra alguna de aquel personaje que sorteó mil dificultades y aprendió a valorar la vida hasta el último suspiro. Un año particular donde su ausencia es un vacío que no podremos llenar nunca pero que tenemos que disimular viviendo livianos de equipaje y aliviando la existencia al que más necesita.
