El 25 de agosto, fecha en que los uruguayos celebramos nuestra Declaratoria de la Independencia, también está institucionalizado como fecha muy cara para todos los frenteamplistas. No es para menos, ya que es el Día del Comité de Base, germen fundamental de la fuerza política de izquierda. En esta oportunidad es un día no solo para celebrar sino también para evaluar la trascendencia que tiene esa célula básica de la militancia frenteamplista al tiempo de reconocer que es imperiosa una adecuación a los tiempos que corren donde las nuevas tecnologías imponen otros ritmos y canales de comunicación. Todo ello sin renunciar a los valores y principios que llevaron a que estos centros comunitarios de militancia política sobrevivieran a más de medio siglo de activa participación. Hoy, son tiempos en que un diminuto punto rojo se cierne sobre nuestro Frente Amplio en una región que – salvo el caso de Lula en Brasil – está siendo avasallado por una corriente de derecha que al influjo de los excesos de Donald Trump se unge envalentonada en el sur americano. El Frente está en la mira por su capacidad de resiliencia y por ser un caso único en el mundo donde la izquierda sobrevive unida en la diversidad.