La realidad no es estática, de lo contrario la vida misma sería una imagen inamovible que no necesitaría modificarse en el entendido que es la que mejor se ajusta a la humanidad. Como eso es una situación imposible, los cambios se imponen al flujo constante de esa realidad en movimiento. Negarse a cambiar cuando la realidad lo impone parece un razonamiento ingenuo que, en el ejercicio del gobierno, no puede permitirse. En términos futbolísticos – ya que estamos en plena gesta mundialista – sería algo así como aceptar que jugamos mal el primer tiempo del partido y no apelamos a sustituir o mover las piezas en procura de dar vuelta un resultado. Eso, que parece lógico, no lo es para algunos que se aferran a la ilusión autocomplaciente de su gestión. Una gestión que no resolvió nada, interrumpió procesos y a pesar de casi dos años de pandemia, sufrió el peor registro de homicidios en un quinquenio desde que se llevan estadísticas.



