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martes, 21 de julio de 2026

Recursos del Estado, ni grasa ni chicharrones

 Fuente imagen: Cocina Práctica

Mientras se discute el proyecto de Rendición de Cuentas 2025 en el Parlamento y desfilan delegaciones en procura de recursos que contemplen sus intereses, el propósito de estirar la frazada presupuestal se choca contra la paradoja de recursos ociosos o la duplicación de servicios en importantes organismos públicos. Menuda labor le tocó al Ministerio de Economía para encontrar espacios desde los cuales redistribuir recursos ya asignados en algunos casos ó, identificar aquellos que no se ejecutan o son subutilizados. Esa “grasa” de la que suelen hablar los equipos económicos de los sucesivos gobiernos y que es imperioso encontrar para hacer valer los dineros de todos; mucho más en un escenario tan restrictivo como el heredado.


No es gastar más, es gastar mejor

El dilema de toda economía (sea personal, familiar o pública), es encontrar el punto justo que lo acerque a la eficacia. Es decir, gastar de manera que el gasto sea eficaz al objetivo principal de hacer que lo que ingresa alcance para las necesidades básicas, por lo menos. En otras palabras, no gastar más de lo que entra, o en su defecto, que el déficit sea el menor posible.

En esa lucha interminable por administrar los recursos se encuentran todos los equipos económicos de todos los gobiernos que inician su gestión. Principalmente porque el primer año se gestiona con un presupuesto que no es propio sino heredado del gobierno saliente y, por lo tanto, no puede contemplar lo programado por el entrante, lógicamente. Recién en el segundo año de gestión es que empieza a rodar el complicado engranaje financiero que se propone cualquier administración, ya que es el año en que empieza a regir su propio presupuesto.

Todo ese sistema funciona siempre y cuando se logre aprobar en ley el presupuesto, algo que no resulta fácil en un escenario como el actual en que el gobierno de Yamandú Orsi no cuenta con mayorías absolutas. De todos modos, la ingeniería política funcionó y se obtuvo dicha aprobación eliminando ese primer escollo.

Ahora es tiempo de volver a echar a andar esa ingeniería de acuerdos y negociaciones para poder aprobar una ley que condiciona el avance del proyecto de gobierno, la rendición de cuentas. Esa ley ómnibus que permite avanzar en la gestión merced a disposiciones y ajustes al presupuesto conforme se necesite.

En ese espacio es que estamos actualmente intentando detectar los rincones del “mamut” estatal de los que poder recortar o disponer de recursos en haras de adjudicarlos a otras prioridades. Es un tira y afloje necesario, que afectará a algunos sectores en beneficio de otros, ante un escenario de frazada corta, (demasiado), por una herencia que es necesario recordar mal que le pese al causante.

Prendiendo el detector de duplicados


Sin entrar en justificaciones, podemos hacer un ejercicio de repaso de algunas decisiones que pueden tomarse sin que implique otra cosa que administrar con criterio empresarial al Estado. Porque cuando hay servicios que se duplican bien podemos hacer que los mismos se concentren en un solo lugar y que el Estado acuda allí para satisfacer su necesidad puntual.

Pongo el ejemplo de la flota vehicular del Estado, que es muchísima, pero que es esencial en reparticiones estratégicas para todos como el caso del Ministerio del Interior. Hoy padece una sangría estructural por vehículos obsoletos que superaron el kilometraje de uso y permanecen radiados para no exceder el límite que permite su recambio. Algo que la burocracia estatal enlentece ante una necesidad evidente que bien se debería priorizar.

Otra de las razones de la merma vehicular policial está en las roturas, con una saturación de los talleres convenidos para su reparación lo que también enlentece su necesaria puesta en servicio. Allí es donde se puede detectar un espacio para que se haga realidad la eficacia estatal poniendo al servicio común los talleres -muchas veces ociosos- de otras reparticiones públicas, como las del Ministerio de Defensa, por ejemplo. ¿No sería bueno que se aprovecharan sus locaciones y servicios mecanizados para la reparación de unidades policiales? ¿Acaso no sería de gran ayuda para las arcas públicas que el mantenimiento de muchas unidades se hiciera por parte del mismo Estado aprovechando sus reparticiones montadas a esos efectos? Es una idea que podría considerarse y que serviría para aprovechar mucha de esa “grasa” que es necesario convertir en energía.

El reciente caso de los blindados militares es, en cierta forma, un caso que bien puede encuadrarse en esta idea. Porque no es otra cosa que apelar a recursos subutilizados u ociosos y que son necesarios para atender la emergencia en seguridad que atraviesan muchos barrios del cordón metropolitano.

El equipo económico tiene afilada la tijera en un rol antipático pero necesario para poder encuadrar un sistema que no tiene mucho espacio para la improvisación. Mucho menos para la audacia de seguir apelando al endeudamiento como alternativa. Es necesario que el país crezca y que aumente su nivel de inversiones para que haya más trabajo y la economía pueda hacer su trabajo de administración eficaz que todos aspiramos.

Obviamente que hay razones geopolíticas que nos condicionan pero, también hay que agudizar el ingenio para que el recorte no sea la única alternativa. Hay muchos recursos que se malgastan y otros que no se ejecutan bien o ni siquiera se ejecutan. Detectar esos rincones es un trabajo minucioso que ha llevado adelante el equipo económico al punto de hacer que esta rendición tenga un aumento del gasto sin que el mismo afecte los objetivos propuestos.

Que los ministerios coordinen sus servicios de manera que no haya duplicaciones tendrá el mismo o mejor efecto que recortar en sándwiches, medallas y viáticos, contribuyendo a que la grasa del Estado no sea solo para hacer chicharrones...

el hombre aprontaba la sartén,
el perro ladraba una torta frita...

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