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martes, 14 de julio de 2026

Uruguay en la mira

Fuente imagen: IA
Hace un tiempo que nuestro país atraviesa una escalada de violencia que no cesa y que lejos de mitigarse va en aumento. Las autoridades – actuales y pasadas – han sucumbido al triste récord de una cifra que sigue creciendo de forma descontrolada y con casos excepcionalmente violentos que dejan al desnudo una descarnada y muy violenta realidad. Hace rato que el país entró en la mira del crimen internacional por circunstancias que lo hacían elegible para sus intereses. Esos que no previeron las consecuencias del descontrol que ha generado su evolución de país de tránsito a uno de acopio de drogas. Hoy estamos en la mira porque la serena y pujante “Suiza de América” está dejando de ser aquel rincón seguro y pacífico que hasta los narcos elegían para vivir y administrar sus negocios.


Acuerdo impostergable

La realidad empuja inexorablemente a que todo el sistema político ponga su mayor esfuerzo en lograr los consensos necesarios para atender el problema principal de la violencia instalada. Lejos de seguir contando muertos es imperioso poner freno a tanta barbarie porque en esta guerra no solo mueren los combatientes directos sino que también afecta a inocentes ocasionales que pagan con su vida.

La guerra de clanes que tanto advierten las autoridades está descontrolada y la puja por territorios o la distribución del exiguo mercado uruguayo está haciendo estragos en una sociedad que no se resigna a naturalizar los homicidios como un dato más de cada día. Y no se lo permite por la simple y poderosa razón que indica que nadie está libre de quedar en medio de una balacera como ocurrió hace poco en Villa García, antecediendo la masacre posterior que se cobró cinco víctimas en un solo acto.

Pero esos casos que pueden ser anecdóticos ya no lo son cuando asistimos a una escalada que nos reporta que transcurrida la primera quincena de este mes de julio, ya superamos la cifra de muertes violentas que arrojó el año pasado cerrado el mismo mes (209 al 14 de julio contra 208 de 2025, a mes cerrado– cifras extraoficiales las primeras). Si tomamos las correspondientes al año 2024 todavía no se superan, pero van camino a hacerlo de mantenerse la tendencia (221 fueron las muertes a julio de 2024, mes cerrado).

Esto que parece una cuenta aritmética es de una triste y peligrosa trascendencia porque se trata de personas que perdieron la vida de forma violenta y entre las cuales la incidencia del narcotráfico tiene un peso muy grande. Por eso es que urge enfrentar el problema apelando al consenso de todo el sistema político que debe dejar para otro momento la apetencia electoral y concentrar su esfuerzo en consolidar un bloque que detenga esta epidemia.

No es tiempo para cobrar cuentas sino de poner todo el pienso y los instrumentos para hacer de este rincón del sur americano un espacio no elegible para el narcotráfico. Hay que lograr los acuerdos necesarios para imponer medidas que desestimulen - al crimen transnacional - a elegir al Uruguay como país de acopio de los cargamentos que pretendan enviar a Europa usando el puerto de Montevideo.

Hay que tener la grandeza de reconocer que se cometieron errores que permitieron la transformación de nuestro país que lo llevó a dejar ser una vía para convertirse en depósito de grandes cargamentos de drogas. Esas que hubo que custodiar con personal criminal al que se armó y consolidó como bandas con alto poder de fuego que hoy son las que se disputan territorios y manejan el microtráfico nacional con su cadena de bocas diseminadas por todo el territorio. Mercado pequeño que lleva a disputas que hoy se saldan con plomo y muertos que inflan las cifras y prenden luces rojas que es imperioso apagar cuanto antes.

Hoy más que nunca es urgente y necesaria que la inteligencia policial actúe para que se puedan minimizar los efectos de una guerra que necesita intervenciones quirúrgicas que prevengan daños y pacifiquen los territorios inundados de violencia. Porque por cada muerto de un bando se prometen venganzas que multiplicarán las cifras de muertos del otro bando en un espiral de violencia interminable.

No sé como puede terminar toda esta historia pero apelo a que la clase política ponga todo su esfuerzo en dejar de lado la mezquina idea de seguir contando muertos para cerrar filas en bloque contra un enemigo común que nos está matando de a poco.

Ojalá tengamos la madurez necesaria para lograrlo.





el hombre seguía contando,
el perro ya no quería ladrar...

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