El Frente escucha
Ha pasado ya más de medio siglo desde que los fundadores dieron un gesto de desprendimiento político renunciando a cualquier privilegio personal para encontrar una figura que amalgamara a todo un colectivo que buscaba encontrar caminos comunes. La figura del Gral. Seregni terminó siendo elegida para concentrar en él al principal orientador de la novel coalición que se formaba. Y allí mismo comenzó a gestarse esta historia que sumó al movimiento social en su estructura. Una particular comunión donde la política y la gente convergen para distinguirla de las estructuras partidarias tradicionales. Coalición y movimiento hacen parte estratégica de la esencia frenteamplista donde los sectores políticos se combinan con las masas sociales organizadas para dar lugar a una particular estructura que distingue a la principal fuerza política del país.
El Uruguay estaba construido para que las familias ideológicas se repartieran el poder hasta que llegó una fuerza política que supo contrarrestar las fuerzas hegemónicas no sin sacrificios ni años de construcción política. Porque no fue fácil soportar la dictadura, especialmente ensañada con la izquierda recién organizada, tampoco sobreponerse a las consiguientes derrotas electorales que ocurrieron una vez recuperada la democracia. No obstante ello, si algo supo hacer esta fuerza de izquierda fue crecer consistentemente durante todos esos años hasta conseguir un músculo tan fuerte y consolidado que la llevó a ser gobierno a principios del nuevo siglo.
A pesar de una derecha que dilató la llegada al poder tras conformar mayorías para aliarse en una reforma constitucional que impuso la segunda vuelta, el Frente Amplio consiguió salvar el escollo en una primera vuelta histórica que puso al primer presidente de izquierda en el Uruguay con el entrañable Tabaré Vázquez, en el 2004.
Luego hubo una sucesión natural de gobiernos frenteamplistas que cambiaron la historia tradicionalmente bipartidista para consolidar al FA como la mayor fuerza política del país. Hubo que sortear una derrota y lejos de romperse la esencia frenteamplista se mantuvo con los comité abiertos en una señal de rebeldía política que mantuvo los estandartes en alto para forjar el regreso al gobierno en las elecciones de 2024.
En todo este tiempo el Comité de Base siguió siendo esa célula original por excelencia, sin perjuicio de reconocer la parte que les cupo a otros actores que jugaron también un papel importantísimo: las Redes Frenteamplistas con sus banderazos y movilizaciones masivas, junto con los Agites que impulsó el MPP; y la maravillosa “marabunta” frenteamplista, sus militantes.
Todo esto va dicho en el sentido de reconocer por siempre la vigencia del Comité de Base como embrión de una fuerza política con la que mantuvo un cordón umbilical que le permitió interactuar – hasta hoy- con la gente y el territorio. Es cierto, también, que hay que ajustar los momentos, reconocer que hay nuevos elementos que juegan su papel, y que el Comité de Base no puede quedarse anclado en el tiempo.
Procesos como el FA te escucha son espacios necesarios que sin dejar de tener al comité como estandarte instalan la asamblea más allá de sus paredes para hacer que la dirigencia se acerque aún más a la gente y escuche sus reclamos. Mucho más en tiempos como los que corren en que la disidencia se hace sentir fuertemente y se concentra en gran medida entre los propios votantes de izquierda.
Bienvenida la crítica
Es este un momento ideal para poner en perspectiva la vigencia y la esencial razón de ser de estos espacios de participación colectiva que nos distingue y hacen parte sustantiva del movimiento. Ese pulmón que imprime su fuerza principal para que la coalición no pierda el sentido original que inspiró a los fundadores.
Celebrar el Día del Comité es volver al principio, pero también es una forma de entender la esencia misma de nuestra fuerza política. Recrear esos espacios donde se unifican los sentires y se expresan las bases, son una manera de hacer oír al movimiento. No es la única, por supuesto, pero es importante conservar ese eslabón original como un estandarte.
El Comité de Base se renueva cada 25 de agosto, y en este en particular su renovación debiera estar acompañada de nuevas iniciativas y de muchas más críticas. Porque si algo alimenta al Frente Amplio es su poder de autocrítica, y para eso están esos centros de conexiones a tierra que constituyen los más de 500 comités desplegados en todo el país.
Bienvenida siempre la crítica, porque es la que nos permite ajustar el rumbo y reconocer que somos sustancialmente permeables al sentir de la gente. El día que olvidemos nuestros orígenes, y no sepamos oír al que nos critica, ese día habremos roto el puente que nos permitió llegar al gobierno.
El comité cumple también un rol de amigable componedor, porque constituyen espacios donde muchas veces se comienzan a construir los consensos que nos han permitido más de 50 años de fermental convivencia cultivando la unidad en la diversidad.
Bienvenida la crítica siempre, lo peor que nos puede pasar es cerrarnos a las mismas porque ese día habremos roto el contrato que dio vida a esta fuerza política. No podemos eludir el camino de rendir cuentas a quienes hacen realidad que “la colcha de retazos” siga siendo ejemplo mundial y gobierne hoy a los uruguayos.
En la mira
Son tiempos difíciles los que estamos viviendo, donde se desatan guerras inexplicables por el capricho de líderes desquiciados de poder. Esos que han puesto la mira en nuestra también inexplicable fuerza política que ha sobrevivido a pesar de sus detractores y es espejo para muchos.
Es innegable que Uruguay gobernado por el Frente Amplio es una piedra en el zapato para la corriente de derecha que lidera el país del Norte y a la que se plegaron noveles gobiernos americanos que llegaron al poder gracias a la injerencia política de Trump. No reconocer que estamos siendo monitoreados por esa corriente sería de una ingenuidad que nos podría costar muy caro. En tal sentido, lejos de paralizarnos tenemos que tener conciencia de esa amenaza sin renunciar a nuestro principal objetivo como fuerza progresista que es gobernar para la gente.
Es innegable, también, que el mundo mira con peculiar admiración a esta joven fuerza política que ya aprobó con éxito la materia de ser gobierno sin que se cumplieran las demonizadas premoniciones de una derecha que sabe que somos un mal ejemplo para sus intereses. Mal harían las izquierdas del orbe si dejan de mirarnos y no intentan acumular a partir de la experiencia uruguaya, donde la diversidad trasciende los intereses particulares de los sectores en procura de esa amalgama que dan los objetivos comunes.
El Frente Amplio vino a cambiar la realidad aunque a veces la realidad nos lleva por tortuosos caminos que son necesarios recorrer para poder llegar al objetivo propuesto. Es tarea de los dirigentes explicar muy bien los cambios en el recorrido y para eso un espacio como el Comité de Base se erige como uno de los más indicados, aunque no sea el único.
A pesar de todo y a pesar del tiempo, la célula original sigue viva, aggiornarla es cuestión que tendremos que resolver los frenteamplistas, pero eso, el tiempo y la militancia frenteamplista lo dirá.
Feliz día del Comité de Base.
¡Viva el Frente Amplio!
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