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jueves, 29 de octubre de 2026

Pollito(s) en fuga

Fuente imagen: La Diaria

La épica remontada de Lula en la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, derivó en que el candidato de la ultraderecha brasileña, Flavio Bolsonaro – huyera “precipitadamente de la aldea”, al decir de Les Luthiers, y no fuera precisamente por “la escasez de rinocerontes” sino para eludir a la justicia de su país. Me imagino la situación de incomodidad que tendrán sus votantes y hasta sus legisladores ante semejante acto de cobardía de su líder. Claro que, estos últimos, tienen los fueros que no tenía aquel y cuentan con una soberana dosis de cinismo que es característica principal de los políticos de derecha. Lo cierto es que Lula no solo ganó una elección sino que demostró la clase de político que es, alguien que supo enfrentar a la (in)justicia de su país y el escarnio público de una derecha que pretendió arrebatarle lo que el pueblo brasilero le devolvió con intereses dando vuelta una elección que ya celebraba el Tío Sam del Norte. Bora, Lula!


Mal perdedor... y cobarde

 A poco de conocerse los resultados que marcaban una diferencia indescontable, el fugado de la justicia brasileña arremetió desconociendo los datos y lanzando su amenaza de pedir la anulación de los comicios. El argumento principal sería la decisión de un juez que prorrogó por 2 horas los comicios en razón de las dificultades que existieron en el transporte público para el traslado de los votantes.

La Diaria verifica desarmó la amenaza de forma contundente ya que no solo el equipo de Lula pidió la prórroga sino que la misma también fue impetrada por el equipo de Bolsonaro aunque alegando diferentes circunstancias (las lluvias). Asimismo, si ese argumento en común no alcanzaba, la cifra de votos emitidos en ese lapso de tiempo no superan los 36 mil votos, mucho menos de un punto porcentual del resultado final. La marabunta brasileña a favor de Lula consiguió superar los 4 millones de votos en una virada histórica que recuperó la democracia en riesgo ante el avance de la derecha internacional.

Al día siguiente de los comicios la noticia de la imputación de Bolsonaro por la justicia y la obligación de este de entregar su pasaporte en un plazo de 24 horas inundó la agenda mediática. Los acontecimientos se fueron dando de forma precipitada cuando cumplido el plazo se consumó el incumplimiento de la medida al no entregarse la documentación y desconocerse el paradero de Flavio.

Los rumores de su partida empezaron a difundirse rápidamente por las redes sociales y los medios de prensa internacionales daban cuenta de un avión que estaba en Foz de Iguazú a la espera del abordaje del prófugo (a esas horas) de la justicia verdeamarela. Todo era una pantalla que cubría el escape de quien ya volaba con rumbo a Miami (EEUU) y que los portales confirmarían poco después con fotos y declaraciones de su familia. Poco faltó para que se confirmara el asilo otorgado para él y su familia de parte de Donald Trump, la película cerraba de forma perfecta.

Así procede la derecha cuando pierde, huye y no se enfrenta a la justicia cuando la justicia no está cubierta con dinero o amigos.

Ser y parecer

El presidente Lula tiene un acervo político y moral que lo distancia definitivamente de su opositor fugado. Ese doble caudal supera ampliamente los 4 millones de votos de diferencia obtenidos en esta segunda vuelta para convertirse en una cifra imposible de cuantificar. La cobardía de Bolsonaro al huir sin enfrentarse a la justicia brasileña lo deja en nivel del zócalo ante un político que cuando tuvo que enfrentarse a la justicia lo hizo y sufrió indebida e injusta prisión por 580 días hasta obtener la anulación de sus causas por falta de imparcialidad. 

La huida de Flavio Bolsonaro es equiparable al intento de golpe de Estado que hiciera su padre, delito por el cual cumple una condena de 27 años con prisión domiciliaria. Este escape – para el cual contó con la complicidad del gobierno de Javier Milei – configura una situación extrema, una suerte de muerte política que será muy difícil de revertir. Claro que para ello es imperioso que el pueblo brasileño no olvide y ese es el principal desafío que tendrá el progresismo norteño por delante.

De no hacerlo, la memoria colectiva – que es corta – disipará lo ocurrido y veremos resurgir nuevamente a esta derecha nociva y destructiva que sufrió una de sus peores derrotas hoy pero que es capaz de volver con más fuerza si se descuidan. Si no hace bien su tarea y potencia los instrumentos que le valieron la victoria, pronto deberán soportar el surgimiento de esta u otra figura tanto o más destructiva que el fugado.

Tomando nota

En nuestro país la situación está dividida y la mitad celebró esta victoria mientras la otra masticó su bronca. Aunque hay algunos actores que empiezan a dar señales de cordura como el expresidente Sanguinetti que se despachó de forma contundente contra el presidente argentino, Javier Milei. Es que la evidencia del desequilibrio mental de este hacen imposible cualquier otra postura que no sea la de condenar su conducta. Hasta la claque de periodistas que lo apoyaban empiezan a tomar distancia de su alienado presidente.

Por otra parte en filas frenteamplistas empezamos a tomar nota de los instrumentos que llevaron a esta virada triunfal cuando a muchos nos había ganado la decepción tras los resultados de la primera vuelta. Claro que no contábamos con la figura de Lula y su capacidad de resiliencia y de gran sentido común para reconocer que tenía que cambiar y aceptar los consejos de quienes le apuntalaron la victoria.

Así fue que abriendo bien grande los oídos y disponiéndose a hacer el esfuerzo final de movilizar a la marabunta brasileña, usó los mismos instrumentos que la derecha utilizó para denostar su obra y el contrapunto impidió que la mentira siguiera ganando adeptos. La virada tuvo un especial punto de inflexión en las redes sociales, esas que subestimamos pero que cada vez influyen más en la conducta y, sobre todo, en la decisión soberana: el voto. La realidad brasileña demostró que las redes son capaces de dar vuelta una tendencia, hacer parecer cierto lo que es falso y torcer la voluntad del soberano mediante la manipulación y el engaño. Pero esas mismas redes son capaces de defenderse usando al mismo algoritmo como contrapeso, un esfuerzo que necesita aprendizaje y constancia para impedir que la mentira logre su objetivo. Eso hizo el equipo de campaña y el líder lo entendió plenamente poniéndose en la fila como uno más de ese enorme “ejército de Lula”.

Algo parecido supimos hacer los frenteamplistas en las elecciones de 2019, cuando en la segunda vuelta estuvimos a punto de dar vuelta el resultado y menos de un punto fue la victoria multicolor. Claro que no teníamos a un Lula, ni supimos hacer el mejor uso de las redes sociales, solo teníamos la otra parte de la pinza, la marabunta. Porque en aquella ocasión fuimos un ejército saliendo a militar casa por casa y a recorrer todos los rincones del país para dar vuelta el resultado. Y casi lo logramos al punto que no pudieron festejar la noche de los comicios por la incertidumbre final que habían dejado las urnas.

Es hora de tomar nota y hacer bien los deberes, esos que hizo Lula en tan solo unas semanas para obtener una impresionante victoria que abrió un horizonte de esperanza para las democracias latinoamericanas principalmente afectadas por la ola de derecha que impulsa Donald Trump.

Celebremos esta victoria como corresponde pero sin dejar de tener claro que tenemos mucho camino por recorrer todavía.

el hombre anotaba en su libreta,
el perro correteaba una gallina..
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