Por la senda de Guarteche
El pasado gobierno multicolor de Lacalle Pou discontinuó una política de Estado en materia de seguridad aplicando la lógica de que todo aquel que trabajó bajo las administraciones frenteamplistas no era digno de asumir responsabilidades en la función. De ese modo fue descabezada toda una estirpe policial gestada por el fallecido Julio Guarteche, quien junto a Mario Layera fueron parte de una camada de profesionales comprometidos en cambiar a la institución.
En tiempos de gobierno del Partido Colorado, el entonces Inspector Rivero encabezó la movida con unos jóvenes policías que serían la columna vertebral de una genuina e imprescindible política de Estado en materia de seguridad, que pusiera fin a la decadencia de la fuerza encargada de la seguridad de los uruguayos.
Aquellos jóvenes oficiales (Guarteche y Layera), fueron construyendo un equipo de élite que sería el embrión de lo que se continuaría luego durante las tres administraciones frenteamplistas. Con la seleccion de un grupo compartimentado donde la principal fortaleza sería la confianza y el trabajo en equipo, se fue conformando una forma de conducción honesta y responsable al tiempo de ir sembrando la semilla de la Nueva Policía.
Fue un proceso largo que tuvo los estertores propios de los cambios, donde la obsesión por depurar a la fuerza del peor flagelo que la afectaba – la corrupción – significó un antes y un después con la figura del “primer policía”, en el extinto Julio Guarteche.
Bajo su enorme figura y su intachable conducción, se puso a “Harvard” al frente de la seguridad de los uruguayos. Un hombre que se ganó la confianza de sus dirigidos a fuerza de lealtad y compromiso, contando con el invaluable apoyo político que le mereció su actuación al frente de la Policía uruguaya. Una actuación que le fue reconocida desde el inicio de las administraciones frenteamplistas, y muy especialmente bajo las dos administraciones de Eduardo Bonomi, quien lo incluyó en el gabinete para ser parte de la construcción de las políticas a aplicar por la cartera.
Aquella figura de Guarteche sigue viva hoy en quienes heredaron la altísima responsablidad que supo darles hasta el último día de su vida. Predicó con el ejemplo y fue espejo de quienes asumen hoy la responsabilidad principal de atender la seguridad de los uruguayos.
Moviendo piezas
Hoy, los “guartechistas” vuelven a la palestra para torcer el mal rumbo heredado y las piezas se van ajustando al ritmo de los violentos tiempos que nos afectan. No apelar a cambios sería un verdadero suicidio y, lo que es aún peor, una irresponsabilidad politica de parte de quien tiene el mandato de gestionar la seguridad pública.
Y según las circunstancias es que se ubican los “jugadores”, según los tiempos y las habilidades de cada uno en cada momento. Nadie niega la capacidad innata del exjefe de Policía de Montevideo, Pablo Lotito, apodado por un periodista (Gabriel Pereyra) como el “Eliot Ness” de la Policía uruguaya. Dirigió el departamento de investigaciones de la jurisdicción más grande y complicada del pais como es la capital Montevideo, con una formación eminentemente operativa que debió claudicar cuando asumió al frente de la jefatura. Una decisión que – seguramente – lo condicionó negativamente y lo mostró incómodo en la función. Hoy vuelve a su posición anterior, y seguramente volver al puesto habitual le devolverá aquel apodo bien ganado.
En su lugar asume un joven y capacitado cuadro policial, de los mejores alumnos podría decirse de la camada nueva de policías que se formaron bajo la imagen de Guarteche y Layera.
Alfredo Clavijo tiene sobradas credenciales para asumir la conducción de la seguridad en la principal y más compleja jurisdiccion policial del país como es la capital, Montevideo. Su formación lo avala y lo condiciona a no ser un jefe de despacho sino que, por el contrario, nos tendremos que acostumbrar a verlo en el territorio porque es un hombre principalmente operativo y, a diferencia de su antecesor, no creo que claudique a su condición, con lo cual creo que será un cambio sustantivo en la gestión. Es que la situación actual lo amerita y hasta podría afirmar que lo condiciona a no quedarse atrás de un escritorio para asumir el liderazgo que la fuerza policial capitalina necesita y que la ciudadanía quiere ver en este momento.
Su pasaje por la Guardia Republicana le dio el temple necesario para la conducción nada menos que de la fuerza especial más profesionalizada de la Policía Nacional, una expertise que sabrá aprovechar en su nuevo rol al frente de la Jefatura de Montevideo. Escucharlo hablar en las entrevistas nos permite conocer la formación de la Nueva Policía, esa que desveló a Bonomi y lo llevó a confiar plenamente en Julio Guarteche para construirla y que dio origen a una generación de policías que - tras un impasse nefasto del gobierno multicolor – asume hoy la responsabilidad de gestionar la fuerza de seguridad en base a su formación profesional y no en razón del color político de turno.
Por ello es que este enroque policial está muy lejos de ser una señal de debilidad o disconformidad alguna entre los cuadros policiales, sino que, por el contrario, obedece a una forma de gestionar la seguridad pública en base a experiencia y formación profesional de sus miembros, sin preguntar a qué partido votaron. Eso, que es lo que pretenden inducir los multicolores analistas, habla más de ellos que de las actuales autoridades, las que retomaron la senda que nunca debió interrumpirse de aquella política de Estado heredada del gobierno colorado y mantenida durante las tres administraciones frenteamplistas.
Por último, vaya un párrafo a los desmemoriados analistas que ahora pretenden dar cátedra en seguridad, para recordarles que fueron una gestión que tuvo la deshonrosa situación de la destitución de su gabinete político (ministro y subsecretario) y de toda la dirección de la policía nacional, por actos que aún esperan ser resueltos ante la justicia.
Los cambios son necesarios muchas veces, mucho más cuando está en juego algo tan importante como la seguridad de todos los ciudadanos.
Cambiar para mejorar no está mal nunca, ahora bien, cuando esos cambios responden a la comisión de delitos ya sea por usar el aparato del Estado para espiar senadores; destruir documentos; otorgar un pasaporte a un narco preso en el exterior; o mentirle al Parlamento, por citar solo algunos, la cosa cambia, valga la redundancia.
Una situación muy diferente a este enroque, ¿no?
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