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| Fuente imagen: El Imparcial |
La visita del presidente Yamandú Orsi al portaviones norteamericano USS Nimitz que navega por aguas internacionales próximo a nuestras costas fue motivo de crítica no solo de la oposición multicolor. En efecto, el PIT-CNT rechazó la visita del primer mandatario en un comunicado en el que expresó su apoyo al gobierno de Cuba, amenazado recientemente por el “emperador” Trump y donde fue crítico con la visita del primer mandatario a esa nave de guerra. A la crítica opositora realizada por el diputado Federico Casaretto se le sumó ahora el fuego amigo de la central obrera que no tartamudeó para expresarse. Vivimos tiempos donde hay que ser un excelso equilibrista para sortear los escollos de la geopolítica. Dejar a todos conformes no es tarea sencilla para nadie, mucho menos para un Presidente de la República.
Ni Clitemnestra lo hubiera hecho mejor
En el Agamenón de Esquilo, Clitemnestra (esposa del líder aqueo), ensaya múltiples acciones para hacerle caer en el pecado de soberbia y así conjurar a los dioses en su contra. Afectada tras una larga ausencia, con la llegada de su esposo junto a Casandra, (con quien tuvo descendencia), la venganza urdida tuvo un grado de sutileza tal que pasó inadvertida para el rey y se plasmó en diferentes acciones que buscaban predisponer a los dioses en su contra.
Algo similar parece haber ocurrido en estos días cuando el embajador norteamericano en nuestro país, cursó la invitación al presidente Orsi para visitar el portaviones más antiguo de la flota norteamericana en su paso cercano a las costas uruguayas. La invitación llegaba en momentos que EEUU genera una ola de rechazo internacional merced a las decisiones unilaterales de su presidente, que han generado guerras y descalabro de la economía mundial.
Ahora bien, ante semejante escenario, no es tarea fácil negarse a una invitación que puede considerarse una ofensa con consecuencias inimaginables para nuestro pequeño país. Haciendo equilibrio es que se maneja Yamandú, en una cuerda floja en la que resulta muy difícil generar mayorías, mucho menos, unanimidades.
Aquella invitación del embajador yanqui fue el disparador de una supuesta violación de la Constitución de la República de nuestro Presidente, ya que la aeronave que lo transportó a la fortaleza flotante norteamericana no recibió la autorización previa de nuestro Parlamento Nacional. Algo que denunció el diputado nacionalista Federico Casaretto, y que también referenció la gremial obrera en su comunicado.
Como siempre, hay que escuchar a las dos campanas para poder entender bien el tañido correcto, o al menos, el más parecido al real. En tal sentido es que se puede interpretar que no hubo violación alguna en tanto no hubo ingreso a aguas territoriales de ninguna fuerza especial ni tropa, y que el avión de referencia hizo su ingreso con una finalidad de traslado para una visita de cortesía.
En ese limbo constitucional, el presidente Orsi visitó al USS Nimitz acompañado de su anfitrión el embajador Lou Rinaldi, en una visita relámpago que lo empareja con otros líderes de la región como los presidentes de Chile y Argentina, que también aprovecharon la pasada para hacer lo propio.
A muchos disgustó esa visita, y es genuino que se sientan agraviados por la misma. En tanto hay otros que se frotan las manos disfrutando desde ambos lados del mostrador, porque no critican que fue sino la forma en que llegó al mismo. Una crítica que tampoco les sirve ventilar mucho ya que podrían generar la idea de que se oponían a la visita y eso podría interpretarse como un veto por elevación a Donald Trump, algo que están bien lejos de querer. Tanto peor hubieran criticado si se negaba a visitarlo, de eso no tengo la menor duda.
Malabarismo político
A Yamandú lo votamos por su capacidad de diálogo, por su don de gente, porque es un canario conciliador, entre muchos otros atributos. Pero por sobre todo, lo votamos porque queríamos frenar a la derecha que nos dejó los peores cinco años de nuestras vidas.
Ahora bien, en un escenario donde no pudimos convencer de tal modo que nos diera un gobierno con mayorías absolutas, es lógico entender que el mejor para este momento sería alguien capaz de obtener consensos o, al menos, que permitiera alcanzar acuerdos que garantizaran la gobernabilidad. Ese no es ni podía ser otro que Yamandú. Entonces, si somos capaces de entender eso, también deberíamos ser capaces de razonar en consecuencia para tratar de entender que hay que hacer mucho equilibrio para poder avanzar en este escenario de desconcierto mundial en el que vivimos.
Es cierto, hay veces que hubiera querido otras decisiones, más contundentes, pero también es cierto que no tenemos mayorías y, para poder conseguir lo más que se pueda, hay que conceder lo menos que se pueda también, pero conceder al fin.
Yo confío en el Presidente, espero que en ese fino equilibrio que lleva adelante no derrape ni se caiga, porque la alternativa es mucho peor sin dudas.
En el Agamenón de Esquilo, Clitemnestra (esposa del líder aqueo), ensaya múltiples acciones para hacerle caer en el pecado de soberbia y así conjurar a los dioses en su contra. Afectada tras una larga ausencia, con la llegada de su esposo junto a Casandra, (con quien tuvo descendencia), la venganza urdida tuvo un grado de sutileza tal que pasó inadvertida para el rey y se plasmó en diferentes acciones que buscaban predisponer a los dioses en su contra.
Algo similar parece haber ocurrido en estos días cuando el embajador norteamericano en nuestro país, cursó la invitación al presidente Orsi para visitar el portaviones más antiguo de la flota norteamericana en su paso cercano a las costas uruguayas. La invitación llegaba en momentos que EEUU genera una ola de rechazo internacional merced a las decisiones unilaterales de su presidente, que han generado guerras y descalabro de la economía mundial.
Ahora bien, ante semejante escenario, no es tarea fácil negarse a una invitación que puede considerarse una ofensa con consecuencias inimaginables para nuestro pequeño país. Haciendo equilibrio es que se maneja Yamandú, en una cuerda floja en la que resulta muy difícil generar mayorías, mucho menos, unanimidades.
Aquella invitación del embajador yanqui fue el disparador de una supuesta violación de la Constitución de la República de nuestro Presidente, ya que la aeronave que lo transportó a la fortaleza flotante norteamericana no recibió la autorización previa de nuestro Parlamento Nacional. Algo que denunció el diputado nacionalista Federico Casaretto, y que también referenció la gremial obrera en su comunicado.
Como siempre, hay que escuchar a las dos campanas para poder entender bien el tañido correcto, o al menos, el más parecido al real. En tal sentido es que se puede interpretar que no hubo violación alguna en tanto no hubo ingreso a aguas territoriales de ninguna fuerza especial ni tropa, y que el avión de referencia hizo su ingreso con una finalidad de traslado para una visita de cortesía.
En ese limbo constitucional, el presidente Orsi visitó al USS Nimitz acompañado de su anfitrión el embajador Lou Rinaldi, en una visita relámpago que lo empareja con otros líderes de la región como los presidentes de Chile y Argentina, que también aprovecharon la pasada para hacer lo propio.
A muchos disgustó esa visita, y es genuino que se sientan agraviados por la misma. En tanto hay otros que se frotan las manos disfrutando desde ambos lados del mostrador, porque no critican que fue sino la forma en que llegó al mismo. Una crítica que tampoco les sirve ventilar mucho ya que podrían generar la idea de que se oponían a la visita y eso podría interpretarse como un veto por elevación a Donald Trump, algo que están bien lejos de querer. Tanto peor hubieran criticado si se negaba a visitarlo, de eso no tengo la menor duda.
Malabarismo político
A Yamandú lo votamos por su capacidad de diálogo, por su don de gente, porque es un canario conciliador, entre muchos otros atributos. Pero por sobre todo, lo votamos porque queríamos frenar a la derecha que nos dejó los peores cinco años de nuestras vidas.
Ahora bien, en un escenario donde no pudimos convencer de tal modo que nos diera un gobierno con mayorías absolutas, es lógico entender que el mejor para este momento sería alguien capaz de obtener consensos o, al menos, que permitiera alcanzar acuerdos que garantizaran la gobernabilidad. Ese no es ni podía ser otro que Yamandú. Entonces, si somos capaces de entender eso, también deberíamos ser capaces de razonar en consecuencia para tratar de entender que hay que hacer mucho equilibrio para poder avanzar en este escenario de desconcierto mundial en el que vivimos.
Es cierto, hay veces que hubiera querido otras decisiones, más contundentes, pero también es cierto que no tenemos mayorías y, para poder conseguir lo más que se pueda, hay que conceder lo menos que se pueda también, pero conceder al fin.
Yo confío en el Presidente, espero que en ese fino equilibrio que lleva adelante no derrape ni se caiga, porque la alternativa es mucho peor sin dudas.
el hombre hacía equilibrio,
el perro esperaba confiado...

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