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jueves, 8 de enero de 2026

¿Vendrán por Luis?


Fuente imagen: LPO Daily

Nicolás Maduro fue secuestrado por fuerzas de seguridad estadounidenses en una flagrante violación de principios internacionales consagrados desde la segunda guerra mundial. Los preceptos de la Carta de las Naciones Unidas han sido heridos de muerte a partir de esta incursión norteamericana, más allá de si Maduro estaba o no legitimado en su investidura a partir de las denuncias de fraude sobre el último proceso eleccionario. Un país extranjero hizo abuso de la fuerza para detener a un “presunto” delincuente, ingresando ilegalmente a otro país para sustraerlo contra su voluntad y aplicar sus leyes una vez en territorio estadounidense. Uno de los delitos por los que se lo detuvo fue descartado (ser líder del Cártel de los Soles, ante la imposibilidad de probar la existencia de dicho cártel), otro de los delitos es otorgar pasaportes a narcos y aquí se prenden las alarmas orientales. ¿Vendrán por Luis?

Soberanía en tiempos de Trump

El mundo está a merced de unos pocos que mueven los hilos del poder, y –a estar por los últimos acontecimientos- el reparto ya está consumado, y los líderes de las principales potencias (Rusia, China y EEUU), ya sellaron el acuerdo.

En tanto la guerra de Ucrania pasó a segundo plano, al igual que la situación –incambiada- de Palestina, los ojos del mundo se posaron en Venezuela ante la consumada violación de los principios fundacionales del orden internacional que creíamos consolidados… hasta hoy. Principios que fueron violentados de forma flagrante y a la vista de todo el mundo que accedió a la información casi que, en tiempo real, gracias a la difusión que le diera su promotor en redes sociales.

Es que la soberanía de los Estados está pendiendo de un delgado cordel y las tijeras están en manos de un desquiciado líder que enfrenta problemas internos que intenta solapar con acciones de esta envergadura. Porque a estar por las recientes mediciones de encuestas estadounidenses, la popularidad de Donald Trump está en franco deterioro y 9 de cada 10 norteamericanos desaprueba las acciones emprendidas en Venezuela. Ya no se trata de Maduro sino de un movimiento mucho más peligroso que puso al mundo en guardia ante lo que se avecina como una escalada de los más poderosos.

Europa ha quedado en minoría y perdiendo fuerza ante la tríada de poder, donde Rusia podrá tener vía libre para proceder frente a Ucrania, al tiempo que China hará lo propio con Taiwán, mientras EEUU manosea a América Latina. Sin perjuicio de ello, hay aristas del conflicto que tienen que ver con el acceso a los combustibles fósiles –Venezuela es la mayor reserva mundial- y las implicancias comerciales que traería la administración de ese recurso en manos de EEUU. China no está dispuesta a permitirlo, así como tampoco Rusia que ya sigue de cerca la ruta de un petrolero bajo su bandera recientemente incautado por las fuerzas norteamericanas. La tensión está en aguas internacionales.

Este puzle está lejos de completarse y los movimientos de ajedrez nos recuerdan los tiempos de la guerra fría con la diferencia que esta vez hay gente capaz de cometer excesos que el mundo pagará muy caro si se les ocurre apretar el botón rojo.

¿En casa como estamos? 

Como estado tapón que somos, la preocupación es grande por cuanto nuestro futuro está íntimamente ligado a nuestros orígenes. Es cierto que tuvimos una cruzada libertadora que todos reconocemos y honramos, pero la realidad histórica nos indica que nacimos independientes gracias a un acuerdo y no por la fuerza de las armas ni mucho menos. Los intereses geopolíticos de la época nos permitieron cumplir el anhelo libertador.

Entonces, sabedores de nuestras limitaciones, hay que poner las bardas (o las barbas) en remojo, mucho más quienes han cometido ciertos actos similares a los que le imputan a Nicolás Maduro. Me refiero a la entrega de pasaportes a narcos.

¿Acaso nos podemos olvidar que en la pasada administración se hizo lo propio para con “un narco pesado y peligroso”? Por más que lo intentaron justificar de mil modos, ni el más insensato de los orientales podía otorgar ese documento a una persona que tenía los antecedentes que ostentaba (y ostenta) Sebastián Marset, y que –encima- estaba en una cárcel, preso por ingresar con un pasaporte falso.

Alguien a quien se le tramitó el pasaporte estando en una celda en Dubai; alguien a quien se le falsificó el domicilio a esos efectos; alguien de quien se sabía su prontuario; alguien que gerenciaba la hidrovía Paraná- Paraguay por donde transportaba los embarques con destino a Europa. A esa persona se le otorgó un pasaporte que no fue un mero trámite, sino un verdadero salvoconducto pues con el mismo pudo sortear la prisión y escapar de la justicia internacional hasta el presente.

En ese contexto, la pregunta que me surge es si no corre riesgo nuestro expresidente Luis Lacalle Pou de correr la misma suerte que Maduro, pues a la vista del representante del Tío Sam, ha cometido el mismo delito que aquel.

Claro que las afinidades ideológicas juegan en este partido, tanto como que Uruguay no es –por ahora- un objetivo concreto para los intereses estadounidenses. Pero será una cuestión de tiempo porque los recursos son finitos y más temprano que tarde serán otros los que escaseen y uno de ellos (sino el principal), es el agua y Uruguay está asentado sobre una de las mayores reservas como es el acuífero Guaraní. 

Venezuela no es solo Maduro, es mucho más que eso, porque si se acepta esta incursión sin condenarla, el precedente nos deja en clara indefensión y el mundo habrá retrocedido muchas décadas en materia de gobernanza mundial.

Volviendo al caso concreto, reitero la pregunta: ¿vendrán por Luis?


el hombre dudaba,
 el perro no…


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