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martes, 13 de enero de 2026

El desbande de las bandas

Fuente imagen: Subrayado
A pesar de lo que diga cierto informe oficial sobre las principales causas de los homicidios en el Uruguay, las drogas siguen siendo –por amplio margen- el principal motivo desen-cadenante de los asesinatos. Basta repasar los casos reportados por los medios de pren-sa para concluir que la escasa incidencia que le adjudicaran desde la pasada administra-ción (y ratificado por esta), dista mucho de la realidad. Lo que sí es notorio (y era lo espe-rable), es que la acción policial empieza a tener efectos y uno de ellos podría tener inje-rencia en la curva de los homicidios que sigue al alza. La cada vez más escasa oferta de sustancias en un mercado pequeño como el nuestro lleva a que el reparto no alcance para todos y las bandas –que pujan por sus territorios- se disputen ese nicho comercial a fuego y plomo. El desbande de las bandas podría ser una de las razones del aumento de los homicidios, pero no la única…

Inteligencia aplicada

A pesar de lo informado en su momento, la Policía actúa a contrasentido en un claro y pragmático ejemplo de que la realidad supera lo dogmático. Las drogas siguen siendo un clavo en el zapato, difícil de extraer en un mundo cada vez más consumidor y donde pequeñas sociedades como la nuestra se resisten a aceptar sus trágicas consecuencias.

Es notorio que las autoridades del Ministerio del Interior tienen claro su objetivo y el combate al microtráfico sigue siendo una prioridad. Sin desmedro de que también tienen claro que ese micro mercado ilegal tiene su origen en los grandes cargamentos que pasan por nuestro territorio y dejan residualmente una parte como peaje. Aquel país de tránsito que pudimos ser se convirtió –durante la pasada administración- en uno de acopio que hizo proliferar las bandas junto con un pertrechamiento en armas que las hizo exponencialmente peligrosas. Ese potencial de fuego es, seguramente, una de las principales razones de la escalada de violencia que se vive hoy en muchos lugares del territorio.

Porque la situación ya no es de carácter metropolitano exclusivamente, lamentablemente la violencia escaló a nivel nacional y ya no se trata de un tema exclusivamente del sur del Río Negro. Mucho menos de la capital y zonas aledañas, hoy son diferentes zonas del país que reportan focos de violencia extrema donde el fenómeno de las bandas está consolidado.

La policía ha dado duros golpes que reportaron suculentos decomisos de embarques que fueron detectados oportunamente. Si bien es cierto que por cada uno de ellos pasan varios más, siempre significan un golpe para la organización que está detrás del mismo. Y las consecuencias se ven rápidamente, porque el debilitamiento de una organización impulsa a otra a tomar ese lugar y allí es donde se reactivan las disputas.

Es como una partida de ajedrez, donde la estrategia es fundamental para que no avance el rival. Pero la lucha cuenta con un elemento impredecible que es la iniciativa de los grupos criminales que hace que se deba contar con un aceitado y muy bien entrenado equipo de inteligencia policial que pueda anticiparse a los hechos. Esa inteligencia es la que parece estar aflorando hoy a pesar de los titulares diarios que reportan casi que un asesinato por día e imponen una suerte de zona liberada a la delincuencia. Claro que es muy difícil explicar todo esto sin que salgan raudamente a dar cátedra los que nos dejaron este estado de situación agravado por hechos de su gestión que liberaron al país al tránsito de los cargamentos de droga para convertirlo en zona de acopia para la región.

Ya hablamos hasta el cansancio de una cierta planificación que tuvo la entrega de un pasaporte a un narco peligroso y pesado que terminó siendo el gerente de la hidrovía Paraná-Paraguay por la que baja la droga que sale para Europa usando los puertos de Rosario y Montevideo.

También hablamos de la entrega del principal negocio del puerto por 60 años sin ley que lo habilite; hablamos de la demora en la instalación de los escáneres (que recién al final de su período instalaron), dejando vía libre a la salida de contenedores sin inspeccionar. Hablamos de la eliminación del SICTRAC que permitió el libre tránsito de contenedores sin inspección alguna por las rutas nacionales. De todo eso hablamos mientras el país crecía como gran depósito de drogas que salían del puerto de Montevideo sin controles.

Hoy la situación empieza a cambiar, los escáneres funcionan (son pocos, pero están), hay más controles en frontera; hay intervenciones policiales que desbaratan organizaciones de microtráfico. Pero no son todas buenas, porque a cada acción viene una reacción y ese es un costo que tenemos que pagar, el riesgo es si ese precio no termina llevándose una vida inocente.

Por eso es que no es mala idea la del control de armas, una iniciativa que tendrá sus detractores inmediatos que saldrán a vociferar –como lo hicieron antes- alegando que están desarmando a los honestos cuando en realidad saben bien que un arma es una responsabilidad que no todos podemos ni sabemos asumir. 

Hoy tenemos un número de armas en poder de la población que asusta, y eso sin considerar la cifra negra que, seguramente, sea infinitamente superior a lo que nos imaginemos. Esas armas son las responsables de muchos de los asesinatos que sufre el país a diario, de las múltiples balaceras que ocurren en los barrios de todo el territorio nacional, esos decibeles criminales que rompen el silencio de las noches uruguayas.

El desbande de las bandas parece ser una de las causas de la escalada criminal que nos azota. Las dejaron crecer y ahora sufrimos las consecuencias de sus estertores, en una lucha sin cuartel que deja sangre regada por las calles del país. 

El problema es de difícil solución, porque esa mano de obra criminal desocupada buscará la forma de subsistir a fuerza de plomo, y ahí el impacto tendrá como pantalla una rapiña, pero su origen seguirá siendo aquella banda que supo integrar. 

Todavía no hemos asistido a escenarios de enfrentamientos con la policía, pero es probable que ocurran y tenemos que estar preparados. Por eso es imperioso incrementar las tareas de inteligencia para que esa lucha tenga las mínimas consecuencias para una población civil que no conoce de guerras ni sufrió graves atentados. Situaciones que hay que prevenir.

El desbande de las bandas está instalado, contenerlo y apaciguar sus consecuencias no será tarea sencilla.


el hombre confiaba,
el perro también…


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