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miércoles, 21 de enero de 2026

El miedo y la luz… pública.

Fuente imagen: Telenoche

La oscuridad asusta, la ausencia de luz es un elemento que incrementa la percepción de inseguridad. La sensación que tiene cada persona cuando se enfrenta a un escenario donde reina la oscuridad es de miedo. El ser humano reacciona a la oscuridad de diferentes maneras, se nos agrandan las pupilas (midriasis) por ejemplo, para intentar captar más cantidad de luz. Pero no solo son reacciones físicas, hay otro tipo de consecuencias mucho más impactantes por sus resultados, ya que la oscuridad nos afecta emocionalmente generando múltiples reacciones (problemas de sueño, irritabilidad, tristeza), que podrían evitarse si hay luz. A esas afectaciones se le suma una que tiene un fuerte impacto emocional y colectivo que es la inseguridad.

Calles oscuras

Los comerciantes del barrio Cordón cortaron calles y realizaron protestas ante la inseguridad que viven a diario en su zona. Una realidad que se ha visto coronada por episodios de robos frecuentes y espacios públicos absolutamente a oscuras que abonan a ese sentimiento de inseguridad que los abruma. Una situación que no es ajena a otros barrios ni zonas de la capital y del resto del país. Las calles sin alumbrado público son un elemento frecuente en las noches montevideanas que ha sufrido un incremento notorio en los últimos tiempos.

A los inconvenientes que sufre el ser humano ante la falta de luz natural los uruguayos le hemos sumado un elemento adicional con la interrupción deliberada de los servicios de alumbrado público, por parte de grupos organizados, con la finalidad de generar un escenario amigable con sus actividades ilícitas (microtráfico en su mayoría). La noche es la cómplice perfecta para quienes se mueven en las sombras haciendo de su actividad criminal su medio de vida.

Calles oscuras que llevan años con sus columnas de luces apagadas de forma deliberada sin que las autoridades locales las reconecten, porque están amenazadas o porque se cansaron de reconectarlas cada vez que las apagaron. Lejos de mantener los servicios de forma regular, se ha cedido terreno a esos grupos organizados que hacen de la oscuridad su principal aliada incrementando el miedo en los vecinos que terminan encerrándose en sus hogares antes de que caiga el sol.

Lo que denunciaron los comerciantes del barrio Cordón no es otra realidad diferente a la que viven (vivimos) muchos vecinos en muchos barrios de la capital, donde no es solo la ausencia policial –que hace falta que patrulle mucho más en la noche- sino una ausencia notoria de la presencia de la autoridad local (alcaldías) que son las responsables del mantenimiento del alumbrado público.

Es cierto que las cuadrillas municipales han recibido amenazas, tanto como que cada vez que lo han reclamado han contado con apoyo policial que los acompañe en las tareas de reconexión. Pero, finalmente terminan ganando los delincuentes porque el barrio sigue a oscuras y los vecinos, con el miedo intacto.

Es la cruda realidad y la triste comprobación de la teoría de las ventanas rotas, porque pasa un día sin que se reconecte una columna y al otro día se le suma otra y así testean la respuesta oficial que no llega para terminar asumiendo el control del barrio. La noche se vuelve una cómplice perfecta que termina afectando la percepción de la seguridad de cada vecino.

Las autoridades municipales realizaron una importante inversión en luminarias (led) que fueron un cambio notorio en la realidad de los barrios de la capital (que es donde vivimos), pero que también se ha reproducido a lo largo y ancho de todo el país. Una inversión que generó buenas repercusiones en los habitantes pero que hoy está inutilizada de forma premeditada por quienes están inundando de miedo a los barrios.

Es tiempo de empezar a coordinar entre todos los organismos afectados (Municipios, Ministerio del Interior, organizaciones barriales) para que las calles dejen de ser un espacio inseguro y, el alumbrado público, es un elemento fundamental a recuperar. Es inadmisible tener toda esa infraestructura inutilizada por unos pocos que toman de rehén a barrios enteros para hacer su negocio. Si apagan una columna hay que reconectarla de forma inmediata y hacerlo tantas veces como sea necesario para que se entienda que hay una autoridad pública que está atenta y protegiendo el interés común de los vecinos.

Si dejamos de actuar en consecuencia, la falta de autoridad hace que se convierta en tierra de nadie y la percepción de inseguridad crecerá mucho más aún.

Y todo ello sin considerar que hay un elemento adicional que contribuye a esa sensación de inseguridad que es el aumento notorio de las personas en situación de calle. Lo que constituye una combinación perfecta que incrementa la sensación de miedo, muchas veces.

Estamos a tiempo, aunque hayan pasado años de columnas apagadas, hay que volver a conectar la luz pública y con ello los vecinos irán (iremos) superando el miedo que la oscuridad generó. Es necesario que la convivencia se reconstruya en los barrios, y empiece a generar círculos concéntricos de más y mejor seguridad en un efecto rebote positivo que, de forma coordinada y con amplia participación de todos los actores, se irán generando. El alumbrado público es uno de los elementos fundamentales a recuperar.

Con la luz deberá venir un mayor patrullaje que haga sentir que la autoridad pública está velando por el sueño de los uruguayos. 


el hombre llevaba una linterna,
el perro ladraba en el camino…


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