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lunes, 16 de febrero de 2026

Preparen los enchufes... pero con chip’s!!

Fuente imagen: LetsDraw.It brand  
La movilidad eléctrica es una limpia y económica realidad para un Uruguay que construyó, bajo las administraciones frenteamplistas, su sustentabilidad energética en base a energías renovables. Hoy, el país se autoabastece en materia energética con una amplia base en ese tipo de generación de energía que nos ha permitido ser ejemplo mundial en la materia y nos ha dado músculo para que el abastecimiento energético no sea nunca más un problema para los uruguayos. Ahora bien, con ese tema cuasi resuelto para la industria, la movilidad ciudadana empieza a nutrirse de ofertas eléctricas que se disparan al influjo de la aplastante conveniencia para el bolsillo de los que dejan de andar a pie para subirse a las distintas plataformas que ofrece el mercado. Por eso, queridos uruguayos, ¡a preparar los enchufes!

Relajo, pero con orden

La movilidad eléctrica es una realidad que empieza a ganar terreno a pasos agigantados en el mercado nacional. La increíble disparidad de costos con respecto a los combustibles fósiles marca la cancha y es una apetecible opción para los orientales. La oferta de autos eléctricos se multiplica al tiempo de las mejoras notorias de una oferta que se supera cada año en tecnología y precio. 

Pero, no solo el mercado de automóviles aumenta, en materia de una o dos ruedas miles de monopatines, motonetas, bicicletas y hasta monociclos, empiezan a invadir las ciclovías y calles de todo el país en forma exponencialmente creciente.

Esa multiplicidad de oferta eléctrica circulante ha mantenido una inequidad ostensible respecto del parque automotor regulado, ese que sostiene los servicios municipales asociados con el pago de patente y demás regulaciones vigentes. Tributos que no se exigen -hasta ahora- a los vehículos referidos en el párrafo anterior que hoy compiten con los autos. Es hora de empezar a regularlos porque no solo comparten las vías de tránsito, sino que compiten en forma desigual con vehículos que cotizan en las intendencias correspondientes como son las motos, por ejemplo. Se da el caso de vehículos eléctricos que son a todas luces una moto, la cual, por el hecho de no tener un motor a combustión, queda por fuera de las reglamentaciones vigentes y circula sin matrícula, no paga patente, ni tiene la obligación -su conductor- de portar casco reglamentario o chaleco reflectivo, entre otras disposiciones.

Es momento de empezar a regular esos medios de transporte masificados y no por un mero fin recaudatorio, sino hasta por un claro sentido de seguridad vial. Circular como lo hacen hoy sin los elementos de seguridad que se imponen a otros vehículos similares los deja expuestos ante accidentes, por ejemplo. Ordenar la circulación de esos vehículos no implica que tengan que pagar necesariamente, pero sí que cumplan con las mismas reglamentaciones que se le exigen al resto de los conductores de otros tipos de medios de transporte que hoy sostienen al sistema.

Todos chipeados 

Acá me quiero adentrar a un tema que ya expuse en otra columna (Ver: Chip’s), porque refiere a un tema de seguridad, y es la imperiosa necesidad de contar con nuevas tecnologías que permitan un control adecuado y selectivo del parque automotor que circula a nivel nacional.

El chipeado al que me refiero es algo similar al tag del telepeaje que hoy cumple a satisfacción la función para la que fue creado, mejorando la circulación y generando una trazabilidad que permite medir y controlar todo lo que pasa por sus lectores.

Por estos días, la Policía Nacional realiza controles a motos ante la ola de arrebatos y rapiñas a las que dicho vehículo está asociado. Controles aleatorios que, en Montevideo particularmente, ocasionan grandes atascos en la circulación con las consiguientes demoras y generando malestar entre la ciudadanía afectada. Controles que, en su gran mayoría, eluden aquellos a los que verdaderamente pretende controlar la policía, los delincuentes. Es cierto que muchos uruguayos circulan en moto con su documentación irregular, lo que genera la incautación del vehículo como directa consecuencia. Pero no es ese, (no debería ser al menos), el principal objetivo policial de estos procedimientos; eso es resorte de la autoridad departamental, lo que la Policía Nacional debe controlar es lo relativo a la seguridad, motivo que llevó a implementar ese tipo de operativo.

Es, precisamente, el chipeado de TODOS los vehículos (motos, autos, monopatines, bicicletas, etc) lo que dotaría de mayor efectividad policial a dichos controles. La idea es que los lectores asociados a dicha tecnología podrían registrar automáticamente la situación de los vehículos apuntados sin necesidad de su detención, generar el control respectivo y detectar las correspondientes infracciones sin necesidad de interrumpir el tránsito o incautar un vehículo que luego se recupera tras el pago de la multa correspondiente.

Aclarando los tantos

Pagar impuestos o aceptar controles no está en el ADN oriental y lo sabemos bien, pero la realidad impone que ante la falta de recursos y aumento de las necesidades, de algún lado tiene que salir el dinero que permita cubrirlas. Lo mismo ocurre en materia de seguridad, si no fuera estrictamente necesario, ¿qué sentido tendría generar este tipo de procedimientos que dificultan la normal circulación de quienes usan determinado medio de transporte? Porque la realidad lo impone es que se generan estas respuestas que no siempre se interpretan correctamente. Me refiero a que la Policía no tiene por objetivo salir a multar a quienes circulan de forma irregular, sino que su principal objetivo es desestimular el uso de las motos para cometer delitos. Ocurre que, junto a la Policía intervienen inspectores municipales quienes son los únicos facultados para ejercer los controles reglamentarios que se detecten en dichos controles. Por tal razón, es necesario separar los tantos y NO atribuirle a la Policía ningún afán recaudatorio ni parecido, porque quien multa no son ellos sino los gobiernos departamentales. Esta es otra de las razones por las cuales creo innecesario controlar de esta manera y sustituirlo por un control inteligente mediante dispositivos electrónicos que harían más fácil y selectivo los controles.

En tanto hoy la detención es aleatoria, no debería ser la intuición del controlador o el azar los que determinaran el buen o mal resultado del operativo. De contarse con un chipeado electrónico en cada unidad, el parque automotor estaría absolutamente mensurado de forma electrónica y la historia de cada vehículo surgiría de forma automática en los lectores correspondientes sin necesidad de detención alguna.

Desde el 12 de enero, la Operación Ñandubay generó la incautación de 4.471 motos y la aplicación de 9.192 multas. Imaginen ustedes la logística que implican esos números con la necesidad de una locación donde acopiar esos casi 4.500 vehículos incautados.

Si todos los vehículos estuvieran electrónicamente identificados nos ahorraríamos mucho en materia operativa ya que la detención debiera concentrarse en aquellos vehículos que NO TENGAN CHIP, esos que circulan por fuera de la legalidad y que -seguramente- son manejados por quienes los usan para su actividad delictiva.

El chipeado electrónico debe ser obligatorio desde la compra misma del vehículo, así como ocurre con los automóviles que no salen del concesionario sin estar debidamente empadronados. Y si hay que legislar a ese respecto, pues ¡que se legisle!

La movilidad eléctrica llegó para quedarse y no podemos estar menos que a la altura a la hora de usar todos los recursos que dan las nuevas tecnologías para que esa movilidad sea además de limpia, segura. 



 
el hombre cargaba el monopatín,
el perro mordisqueaba un enchufe…

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